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Mindfulness En una Era de Caos

Distintas investigaciones muestran que las personas pasamos casi el 47% de nuestras horas en vigilia pensando en algo distinto a lo que estamos haciendo. Dicho de otro modo, durante muchas horas funcionamos en modo automático. Estudios de la ciencia del comportamiento revelan que, cuando dejamos de funcionar con el piloto automático y prestamos atención a lo que estamos viviendo en el momento presente y a lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, podemos potenciar nuestro entendimiento, nuestra energía, nuestro positivismo, nuestra capacidad de conocimiento y de crecimiento, nuestra  innovación y creatividad y nuestro rendimiento, al mismo tiempo que reducimos sustantivamente el nivel de estrés e incrementamos nuestra capacidad de concentración.

 

De esto no cabe la menor duda. Todos lo hemos experimentado en el transcurso de nuestra vida. Desde la escuela primaria, hasta nuestra edad actual, en múltiples escenarios: laboral, familiar, social, deportivo, religioso, político, etc. Nos ha sucedido frecuentemente y nos sigue sucediendo. Esto es, nos desconectamos de la realidad presente, y estamos auténticamente en “el limbo” o en “el infierno”, dependiendo de la circunstancia. Y perdemos el foco en lo que deberíamos estar con todo lo que esto puede implicar, siendo más importante en algunas circunstancias que otras.

 

Y justo aquí es donde cabe la pregunta: ¿Qué es en realidad el mindfulness? Explicado de forma sencilla, el mindfulness es estar presente y consciente, momento a momento, con independencia de las circunstancias.

 

Los seres humanos tendemos, sobre todo en la cultura occidental, a perder el estar presentes y conscientes, en los términos descritos, más aún cuando las circunstancias están en los extremos emocionales, es decir, de euforia, placer, alegría o realización, del lado positivo; o tristeza, depresión, angustia, ansiedad o miedo, del lado negativo. Estos últimos son los que más nos dañan, pudiendo surgir por causas personales o de nuestro entorno particular, o del que nos rodea, como el actual, en el que estamos viviendo una era de caos en muchos sentidos: de salud, económica, de inseguridad, de retroceso, de valores mal entendidos, de conflictos armados, de enormes desigualdades, de descontento social, que se traducen en poderosas fuerzas que afectan y alteran fuertemente nuestro equilibrio, nuestra existencia, nuestra actitud, nuestro enfoque y nuestra capacidad de concentración. Y propician justo el efecto contrario al que se consigue con el mindfulness.

 

Investigaciones recientes han demostrado que practicar mindfulness puede reprogramar el cerebro para que sea más racional y menos emocional. Quienes lo hacen, muestran mayor actividad en la ínsula posterior del cerebro, un área vinculada a la toma de decisiones racionales. Esto les ha permitido tomar decisiones basadas más en los hechos que en las emociones. Esto es una buena noticia, ya que otras investigaciones han expuesto que, en realidad, el razonamiento está entrelazado con la emoción; son dos conceptos inseparables. Y más aún, nuestros sentimientos positivos y negativos sobre las personas, las cosas y las ideas emergen mucho más rápidamente que nuestros pensamientos conscientes, en cuestión de milisegundos. Apartamos la información amenazante y nos quedamos con la información amable. Aplicamos el acto reflejo de lucha y la huida no solo ante los depredadores, sino también ante las ideas.

 

El mindfulness ofrece múltiples ventajas: prestar atención te resulta más fácil; recuerdas un mayor número de las cosas que has hecho; te vuelves más creativo; puedes aprovechar las oportunidades cuando se presentan; eres capaz de anticipar el peligro; te gusta más la gente; y tú le gustas más a los demás, porque eres menos crítico con ellos, te vuelves más carismático; reduces significativamente tus niveles de estrés, ansiedad, miedo, angustia o depresión; y te vuelves mucho más eficiente en lo que haces.

 

Desaparecen la procrastinación y el arrepentimiento porque, cuando eres consciente de por qué estás haciendo algo, no te pones a hacer una cosa para posponer la otra. Si estás plenamente presente cuando decides dar prioridad a una tarea, trabajar en una empresa o crear un producto, ¿Por qué vas a arrepentirte? No importa lo que hagas: comerte un bocadillo, hacer una entrevista, manejar un aparato, escribir un informe, desarrollar un proyecto…puedes hacerlo con mindfulness o sin él. En el primer caso dejas una huella en lo que haces. En los niveles superiores de cualquier disciplina (los directores ejecutivos de las cincuenta empresas de la lista Fortune; los artistas y músicos más reconocidos; los mejores deportistas; los médicos y enfermeras más efectivos; los profesores y mecánicos más brillantes, etc.) solo encontrarás a personas que son conscientes de lo que hacen, porque es la única forma de llegar a ese punto.

 

En una era de caos, como la presente, el mindfulness se vuelve especialmente importante, porque los factores externos que están afectando nuestra vida, tanto por la pandemia, como por la crisis económica y la inseguridad, principalmente, están resultando tremendamente fuertes, de forma tal que estamos perdiendo algunos de los cimientos más importantes de nuestra existencia y esto está alterando en fuerte grado a nuestro equilibrio emocional, laboral, familiar y social.

 

Presencia y consciencia en cada momento

 

Hay que tener siempre presente que el estrés y todo lo que éste puede generar, no depende de los acontecimientos, sino de cómo tú te lo tomes. Piensas que va a suceder algo que, cuando pase, será horrible. Pero la predicción es una ilusión: no sabemos qué va a pasar. Por ejemplo, date cinco razones por las que creas que no vas a perder tu trabajo. Luego, piensa en cinco beneficios que obtendrías si lo perdieras (nuevas oportunidades, más tiempo con tu familia, independencia de acción, inversión en estudios de especialización, etc.). Ahora has conseguido cambiar tu forma de pensar de negativo a pensar en positivo: pase lo que pase estarás bien. Has estado plenamente presente y consciente.

 

Cuando conscientemente abres tus perspectivas para aplicar el mindfulness, el estrés y sus efectos simplemente desaparecen. El mindfulness te ayuda a darte cuenta de que no hay resultados positivos o negativos. Están las opciones A, B, C, D y muchas más, cada una con sus retos, sus características y sus oportunidades. Y también cada una con su propia información. La mejor decisión no dependerá de la cantidad de información que uno tenga, como de la forma en que se interpreta. Y eso solo se puede hacer con presencia y consciencia, manteniendo un estado de apertura, de forma que estés atento a las cosas que estás haciendo, pero sin estar ausente a lo externo, porque es entonces que te pierdes otras oportunidades.

 

La vida son solo momentos, nada más. Si haces que el momento sea importante, todo importará. Puedes aplicar el mindfulness, o puedes actuar sin consciencia. Puedes ganar, o puedes perder. El peor caso es vivir sin consciencia y perder. Así que, cuando hagas algo, sin importar el escenario, presta atención, percátate de qué novedades hay, haz que para ti sean significativas y prosperarás. El mensaje, en esta perspectiva, es estar plenamente presente y consciente en cada momento de nuestras vidas, uno a uno.

 

Atención consciente en el momento y meditar

 

Investigaciones recientes aportan serios indicios de que la práctica de una actitud no crítica y de la atención consciente en el momento presente (en otras palabras, el mindfulness) cambian la anatomía del cerebro. Se trata de una información tan relevante que resultaría muy conveniente que cualquier persona que trabaje en el complejo entorno empresarial actual debería conocer.

 

Laboratorios de neurociencias de todo el mundo han investigado en qué medida la meditación, un camino fundamental para practicar el mindfulness, cambia el cerebro. Durante el 2017, un equipo de científicos de la Universidad de British Columbia y de la Chemnitz University of Technology recogieron datos de más de veinte estudios para determinar qué áreas del cerebro se ven modificadas. Se identificó un total de ocho regiones. En este texto nos centraremos en dos que son particularmente interesantes para los profesionales que trabajan en el ámbito empresarial.

 

La primera de estas áreas es el córtex del cíngulo anterior (CCA), una estructura ubicada profundamente tras la frente, detrás del lóbulo frontal. El CCA está asociado con la autorregulación; es dirigir la atención y la conducta de forma deliberada, de contener las respuestas reactivas inadecuadas y de cambiar las estrategias, aplicando la flexibilidad. 

 

Las personas que meditan muestran un mejor rendimiento en la autorregulación y en la resistencia a las distracciones, y suelen ofrecer más respuestas correctas que quienes no meditan. Además, la actividad en su CCA es mayor que en quienes no practican la meditación. Aparte de la autorregulación, el CCA está asociado con el aprendizaje, desde experiencias pasadas para ayudar a la toma de decisiones óptimas. Los investigadores señalan que el CCA resulta especialmente importante a la hora de afrontar la incertidumbre y unas condiciones rápidamente cambiantes, como resultan las actuales.

 

La segunda región cerebral es el hipocampo: un área que muestra mayores cantidades de materia gris en los cerebros de quienes han practicado metódicamente la meditación y el mindfulness. Esta zona en forma de caballito de mar está situada bajo las sienes, a cada lado del cerebro, y forma parte del sistema límbico: un conjunto de estructuras internas asociadas con la emoción y la memoria. Está cubierta de receptores sensibles a la hormona del estrés llamada cortisol, y los estudios han demostrado que puede resultar dañada por el estrés crónico, contribuyendo a la espiral nociva que el estrés causa en el cuerpo, siendo que el efecto contrario es consecuencia de la meditación y el mindfulness.

 

Los neurocientíficos también han descubierto que la práctica del mindfulness afecta positivamente las zonas del cerebro asociadas con la percepción, la consciencia corporal, la tolerancia al dolor, la regulación de las emociones, la introspección, el pensamiento complejo y el sentido del yo.

 

Practicar “micromeditaciones”

 

Para una vida más equilibrada y lograda, los seres humanos podemos practicar el mindfulness durante todo el día, en cualquier circunstancia, más aún en las actuales tan difíciles y controvertidas. En esencia, podrías empezar a vivir tu vida desde una perspectiva de mindfulness y, con el tiempo, no habrá distinción entre tu práctica formal del mindfulness y hacer una presentación, negociar un contrato, conducir tu coche, hacer ejercicio o cocinar.

 

Para ello resultan muy útiles las “micromeditaciones”. Son meditaciones que se pueden practicar varias veces al día en períodos de dos a cinco minutos cada vez. Periódicamente, durante el día, presta atención a tu respiración. Puede ser en los momentos en que te sientes estresado o sobrepasado, como actualmente afrontando una fuerte crisis llena de incertidumbre, inseguridades y ansiedades; con demasiado trabajo; o poco tiempo disponible; o quizás cuando notes que cada vez estás más agobiado, distraído y agitado.

 

Primero, presta atención a la calidad de tu respiración. ¿Es superficial o profunda? ¿La estás aguantando y, al hacerlo, tal vez también tu estómago está encogido? ¿Están encorvados tus hombros?

 

Luego, empieza a respirar hasta hacer llegar la respiración a tu abdomen. No te esfuerces. Si parece poco natural, trata de llevar la respiración al fondo del pecho. Si la mente divaga, regresa suavemente a la respiración, sin juzgarte por la momentánea pérdida de concentración.

 

Notarás que al efectuar regularmente estas “micromeditaciones” te vas volviendo más consciente y calmado. Progresivamente te encontrarás más alerta, calmado y concentrado. Puedes ejercitarlas de dos a cuatro veces al día, cada hora, antes de cada reunión, o cada vez que sientas que los efectos emocionales de la situación que estás viviendo está haciéndote perder el equilibrio emocional, la serenidad y la concentración; lo que sea factible y te haga sentir bien. Con mucha efectividad las “micromeditaciones” pueden ponerte de nuevo en marcha y ayudarte a desarrollar tu músculo del mindfulness.

 

Una segunda técnica que resulta muy efectiva es la denominada “mindfulness en acción”. En lugar de añadir una nueva rutina a tu día, experimenta lo que ya haces de forma distinta, prestándole plena atención durante unos segundos cada vez. 

 

Cuando notes que tu mente está divagando por la razón que sea y de la intensidad que sea, pon en práctica alguna de las técnicas descritas. Puede que tengas que redirigir tu concentración docenas de veces en un corto período de tiempo. Siempre vuelve con suavidad y paciencia. Estás entrenando a tu mente para estar “aquí y ahora”.

 

Como se mencionó, estas técnicas pueden “reformatear” el cerebro. Como resultado ocurren tres hechos críticos: primero, aumenta tu capacidad de concentración, tu positivismo y tu imaginación; segundo, ves las cosas con claridad creciente, como realmente son y lo que conviene hacer, lo que mejora tu energía y tu juicio; y tercero, desarrollas la ecuanimidad, la serenidad y la calma. Estas tres últimas te permiten reducir el estrés fisiológico y emocional, y mejoran sensiblemente la probabilidad de que encuentres soluciones creativas a los problemas que afectan tu vida en todos sentidos.

 

La práctica del mindfulness y la obtención de sus enormes beneficios, no requiere una gran inversión de tiempo o un entrenamiento especial. ¡Puedes empezar ya, en este instante!

 

Conclusión 

 

 

El mindfulness ya no se debe considerar como algo que está bien que los líderes y la gente en general practiquen, sino como una aptitud obligatoria: una forma de mantener sanos a nuestros cerebros, de ayudar a autorregularnos y de potenciar nuestras habilidades para tomar decisiones eficaces, así como para protegernos del estrés tóxico. Se puede integrar en la propia vida, ya sea en lo laboral, familiar, social, religioso o espiritual, o practicarse como un entrenamiento mental desprovisto de connotaciones trascendentes. Respiremos profundamente y comprometámonos a mantenernos en estado de plena consciencia. Tendremos así una vida más plena y más exitosa. Y más aún: realizada y en paz.